Las palabras tenían sabor, y se extendía a las personas por el nombre. Así, en el colegio, le cayó bien Dorita porque sabía a tortilla de patata, y como las acelgas le asqueaban, detestó a Adolfo. Al crecer la cosa se complicó. Hugo era chocolate negro, Marcos nata y hojaldre fresco, Rafael la mejor fideuá, y Javier una empanada casera. No necesitaba ni besarlos, pronunciaba sus nombre y se sentía caníbal. Conoció a Santiago un invierno de resfriados continuos y sentidos atrofiados. Cuando llegó el verano se habían paladeado tanto mutuamente que no notó que Santiago sabía profundamente a almendras.
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miércoles, 4 de febrero de 2015
martes, 27 de enero de 2015
Descolocado
Él amaba profundamente el orden. Trabajaba como reponedor en un híper y disfrutaba colocando cajas, alineando latas, ordenando estantes. En su casa cada cosa tenía un sitio y cada sitio estaba pensado para una cosa. Tenía ordenados todos sus pensamientos, sus emociones, y los momentos para disfrutarlas. Ella vivía en el desorden. Ponía el mundo patas arriba y lo volvía a recolocar sin orden ni concierto. Manejaba sin esfuerzo sus sentimientos y se movía a gusto en la improvisación. Temeroso de que pudiera desordenarle, la echó de su vida. Pero cuando ella se fue, él nunca pudo volver a colocarse.
domingo, 24 de marzo de 2013
Escribiendo
Me pides que te escriba mis sentimientos, mis pensamientos sobre ti y mi deseo se encabrita al recordar tu cuerpo sobre el mío, debajo, junto a él, tu cuerpo triunfante, dominado, compañero. Te quiero, sobre todo te quiero, y quiero decírtelo porque las palabras de amor no estorban. No creo que sobre ninguno de los momentos que hemos pasado juntos, ni los buenos ni los malos, todos los atesoro, porque uno sobre otro van formando nuestra historia. Me pides que escriba y lo hago pero sabiendo que no recibirás nunca esta carta porque mi amor no cabe en ningún sobre.
jueves, 26 de enero de 2012
Recolección
Recorría la playa sin mirar el horizonte. Todos los días se perdía entre los restos que el agua dejaba en la arena y los miraba preguntándose si debía llevárselos a casa y ponerlos encima de la puerta o en el lateral de la cama, junto a los libros. Sabía reinterpretar aquellos objetos abandonados y darles de nuevo sentido, darles un sentido nuevo. Incorporaba a la suya aquellos gastados trozos de vida ajena y los convertía en propios. Empezó a ver cosas suyas tiradas por la arena. Un día vio que alguien recogía uno de sus restos, y se sintió rico.
(Lo siento, Siberia, sólo me salieron cien)
(Lo siento, Siberia, sólo me salieron cien)
martes, 13 de abril de 2010
Iluminación
Tras el divorcio todo se volvió oscuro, llovía constantemente, los precios subieron, dejó de llevarse el malva, “su” color, y hasta las bombillas de la casa parecían más mortecinas. Un mes después de firmar el acuerdo reparó en el nuevo establecimiento del barrio y pensó que le vendría bien un cambio de imagen. Al terminar se sorprendió. En vez de las mechitas discretas que había pedido, la mujer del espejo lucía un rubio luminoso y brillante. Se sintió llena de luz y pensó que la lluvia le permitiría lucir la gabardina roja espectacular que vendían en la tienda de enfrente.
martes, 26 de enero de 2010
Perspectiva
Siempre había odiado los diminutivos porque los temía. Cuando escuchaba alguno se acordaba de su abuela. La abuela siempre utilizaba el diminutivo, y cada vez que le llamaba (“¡Miguelín!”) le hacía sentirse pequeño, insignificante. Cuando la abuela murió le sorprendió lo chiquita que era. Él recordaba una abuela enorme, no la diminuta anciana que había en el ataúd. “Hola abuela”, susurró, “Ahora que no estás nunca más seré Miguelín; desde ahora por fin soy Miguel. Miguel. Miguel”. A medida que repetía su nombre, adulto, completo, se sentía crecer, se sintió importante. Desde ese día utilizó diminutivos con todo el mundo.
martes, 19 de enero de 2010
Palabras sabrosas
Leyó mentalmente la carta. Paró en el estofado. Estofado. Estofado. Al repetirlo sintió en la boca el sabor del plato. Estofado. Estofado. Al rato se sintió satisfecho y abandonó el restaurante sin comer. Por la noche quiso una empanada. Empanada. Empanada. La palabra sabía bien y saboreó sus sílabas hasta saciarse . Durante meses se alimentó de palabras, más sabrosas que los platos reales. Dejó de hacer vida social, no asistía a cenas ni a comidas. Incluso dejó de tapear con los amigos. Un día leyó en el escaparate de un bar: “Plato del día, paeya”, y enfermó hasta vomitar.
sábado, 5 de diciembre de 2009
Un amor azul como una naranja
Para Dora la vida empezaba y terminaba los miércoles. El resto de los días sólo esperaba. Los miércoles Dora iba al mercadillo, a comprar donde El titiritero. Le llamaban así porque su hijo Paco entretenía a las clientas haciendo malabarismos con las naranjas. Paco solamente actuaba para Dora; la veía venir y lanzaba al aire las naranjas, una tras otra, hasta siete. Y seguía hasta que a Dora le tocaba pedir. Durante la semana ella comía una naranja cada día recordándole. Un miércoles Paco faltó. El titiritero dijo que le habían llamado a filas. Dora no volvió a comer naranjas.
lunes, 19 de octubre de 2009
Control
Era una tarde aburrida. Encendió la tele. Ponían “Casablanca” de nuevo y se la zampó enterita. Al llegar al final dijo “Vete con ella, Rick, qué coño!”. Para su sorpresa Rick subió al avión. Asombrado hizo zapping y se detuvo en “Sonrisas y lágrimas”. “Mata a los putos niños” susurró, y la dulce María despeñó a los chavales montañas abajo sin dejar de cantar. Hizo varias pruebas y comprobó, asombrado, que aquello funcionaba, que podía cambiar los guiones a voluntad. Probó con el telediario y cuando vio que eliminaba el último terremoto de Pakistán se asustó y apagó el televisor.
lunes, 28 de septiembre de 2009
Dispersión
Antes de besarse le miró a los ojos. Le parecieron insondables. Pensó cómo sería sumergirse en ellos y se acordó de una película en la que unos hombres de tamaño reducido se metían en el cuerpo de otro y se enfrentaban con voraces glóbulos blancos y peligrosos anticuerpos asesinos. Había visto aquella película un sábado que su madre puso pollo asado y croquetas. Entonces recordó que tenía un pollo guisado en el congelador y pensó que cuando acabaran lo sacaría para comer mañana. Cuando abrió los ojos ya habían terminado y otra vez no se había enterado de nada.
jueves, 23 de julio de 2009
lunes, 6 de julio de 2009
Evasión
Le dolían la espalda el cuello y los ojos de tanto como escrutaba el cielo. Inasequible a las burlas y al desaliento se pasaba las noches en la azotea, pegado al telescopio que le había regalado el banco cuando abrió la cuenta a los niños. La noche que el platillo volante aterrizó a dos metros de él no dudó un momento: apenas abrieron una compuerta se lanzó al interior gritando “¡Llevadme, llevadme con vosotros!”. Dentro, los tripulantes instalaron al terrícola diez millones en una camilla, y redactaron un informe explicando de nuevo que en la Tierra no se podía vivir.
martes, 9 de junio de 2009
Accesorios y complementarios
Se conocieron en una moraga nocturna y no tardaron en quitarse los bañadores para follar tras unas rocas. Después empezaron a verse en un hotel. Cuando ella llegaba él la esperaba desnudo y ella se desvestía rápidamente. Luego él se quedaba dormido y ella se vestía sin despertarle. Una noche quedaron para cenar y al llegar ella miró extrañada la chupa de cuero, los zapatos de punta, los vaqueros ajustados... A él le sorprendieron el chanel rojo, los zapatos de ante, el bolso Gucci, las joyas... Desnudos se complementaban, vestidos se repelían. Pasaron de cenar y se fueron al hotel.
martes, 5 de mayo de 2009
Dulce compañía
Se levantó, cuidando no hacer ruido para no despertarle, y abrió la ventana para ventilar el dormitorio. Tras ducharse y vestirse, desayunó en la cocina escuchando la radio bajito. Se agachó y tiró a la basura una pluma blanca. Recogió los platos y terminó de arreglarse, siempre en silencio. Antes de irse estiró las sábanas con cuidado, y cerró la ventana. Vio más plumas blancas por el suelo, le miró, y pensó que al fin y al cabo los maridos de sus amigas perdían el pelo, que era peor. Claro que ella habría preferido un ángel de la guarda normal.
lunes, 6 de abril de 2009
Convivencia (una historia real)
Por las noches oía voces. Se acostaba y escuchaba a lo lejos voces extrañas que hablaban principalmente de fútbol. A él no le dijo nada; llevaban pocos días viviendo juntos y no quería que la tomara por loca. Esperó un tiempo pero aquello no cesaba. Era poner la cabeza en la almohada y oir aquellos sonidos diabólicos. Asustada, fue al médico y le mandaron todo tipo de pruebas. La noche antes de ir al hospital metió el brazo bajo la almohada y encontró unos auriculares. Le miró y recordó que él había dicho que le gustaba dormir escuchando la radio.
martes, 10 de marzo de 2009
Del cristal con que se mira (la vida del revés)
Una mañana, después del aseo habitual, se miró al espejo y se vio raro. Le pareció que estaba al revés. Cerró el ojo derecho y la imagen del reflejo hizo lo propio. Además, se vio alto y guapo. Sorprendido miró alrededor y vio que, efectivamente, todo se había invertido. El día fue sorprendente. El jefe le mostró su lado más amable y divertido, y los compañeros de desayuno se comportaron como auténticos cretinos. Al llegar a casa se quitó las lentillas y todo volvió a ser como siempre. Entonces se dio cuenta de que se las había puesto del revés.
lunes, 23 de febrero de 2009
Juegos del destino
Eran los peores adúlteros del mundo. Nunca encontraban el momento. Cuando ella no tenía guardia, él tenía juicio; si ella no tenía niños enfermos, él tenía a su suegra en el hospital; cuando ella libraba, él estaba de viaje... Habían intentado verse en el trabajo aprovechando cualquier ratillo libre y sólo habían conseguido que una residente les sorprendiera con la ropa desarreglada y que el pasante de él casi les pillara tumbados en la mesa del despacho. Finalmente, después de mucho intentarlo, decidieron abandonar. Dejaron de verse y de llamarse. Entonces comenzaron a coincidir en congresos y viajes de trabajo.
lunes, 9 de febrero de 2009
Injusticia
Nunca había tenido nada nuevo. De pequeña heredaba la ropa de sus hermanas y primas; ahora la compraba en mercadillos. Siempre compraba coches usados. Su marido había estado casado antes dos veces. A la hora de comprar casa compraron una de segunda mano. Trabajaba haciendo suplencias. Hacía un año le habían transplantado un riñon. Incluso sus hijos eran adoptados. Cuando el ayuntamiento la multó por no separar la basura y no hacer montoncitos para el reciclaje no dijo nada. Simplemente rió, rompió la multa, tiró toda su ropa al contenedor, y fundió la tarjeta de crédito en El Corte Inglés.
viernes, 16 de enero de 2009
Niebla privada
Todo empezó cuando le pusieron una multa por conducir con las antiniebla en una mañana de sol. Le extrañó que los policías parecieran no ver la neblina que envolvía el paisaje. Lejos de desaparecer, la niebla se fue intensificando aunque nadie más la veía. Comenzó a obsesionarse y sintió que las nubes se le metían en la cabeza, le nublaban la vista, le oprimían el cerebro, y hacían que sus sueños parecieran campos poblados de ovejitas blancas. Finalmente fue al médico. Mientras el doctor le extraía del oído la última bolita de algodón le prohibió que volviera a utilizar bastoncillos.
jueves, 4 de diciembre de 2008
Vida nueva
Se mudaba. Como quería empezar de cero solamente metió en la maleta lo imprescindible: sus recuerdos y sensaciones más importantes. Eligió la puesta de sol más romántica, algunas llamadas alegres e inesperadas, la emoción del primer trabajo, las cenas más especiales con los amigos, y las Navidades más entrañables. Metió también paseos melancólicos, la tristeza de una pérdida, y unas cuantas lágrimas. Al llegar a su destino guardó la maleta. Cuando la abrió, días después, se sumergió en recuerdos desconocidos y sintió sensaciones nuevas. Sorprendido leyó en la etiqueta un nombre que no era el suyo: ya tenía nueva vida.
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